Próximo destino…Noruega.

—¿Te gustaría volver?

—Sí. 

Con esa pregunta y con mi respuesta os conocí, y gracias a eso viví una de las experiencias más bonitas de mi vida: el viaje literario.

Poder regresar a las Lofoten —esas islas que unos años antes ya me habían atrapado— y hacerlo junto a algunas de mis lectoras —mujeres de todas las edades desconocidas para mí y que terminasteis siendo cómplices de esta aventura— fue algo más que un regalo. Con vosotras me reí a carcajadas y regresé a cada uno de esos lugares que aparecen en la novela Todos los arcoíris a tu lado.

Y es que, con esa pregunta y con mi respuesta, empezó todo…

8 de octubre de 2025. Destino Noruega

En el aeropuerto de Alicante, Paula y yo conocimos a Cristina y a Mery. Ya en Olso, nos reunimos con Mila, Ángeles, Rocío, Lucía e Isa. En este segundo grupo también estaba Iris T. Hernández: mi amiga, mi confidente y la segunda en sumarse a esta escapada, porque la primera en apuntarse fue mi hija Paula. Bueno, en realidad fui yo quien la incluyó, porque eso de viajar sola con desconocidos me frenaba que no veas y ahora, en cambio, es uno de mis asuntos pendientes. 

Y esto es algo que nunca me hubiera planteado en el pasado y que, desde que regresé, no me quito de la cabeza: volver a las islas, pero sola… aunque no del todo, por supuesto, porque paso de ir a mi aire y perderme, o no ver el final de una montaña y darme la leche del siglo, jajajaja, pero sí con un reducido grupo, tal y como plantea Fiordo Polar.

Y, cuando lo haga, lo haré con mi portátil y con mi silencio, porque necesito recorrer esas islas sumida en él, conectando con mis chicos y yendo un poco por libre, aunque esté rodeada de gente. Escribir, cuando encuentre un hueco, y viajar al mismo tiempo. Qué maravilla.

Uy, que me despisto… 

Llegamos a Narvik sobre las siete y media de la tarde y allí, en ese reducido aeropuerto, ya nos estaban esperando Nico y Pau, de la agencia Fiordo Polar. Los dos son muy top y si este viaje ha sido tan guay también se lo debemos a ellos. 

Al grano, que me despisto otra vez… 

El aeropuerto es tan pequeño que solo tiene una cinta para recoger el equipaje y poco más, pero, aun así, es más grande que el de Leknes, que es diminuto, por lo que recuerdo de mi anterior viaje. 

Ya con el equipaje, nos fuimos al hotel en dos furgonetas. Por cierto, lo que sufrí hasta que vi aparecer mi maleta, que encima salió de las últimas, solo lo sé yo. 😂

Solo en esta ocasión, subí con Nico y al pobre lo dejamos de chófer, porque nos sentamos todas detrás. ¡Y qué mal, de verdad!, con lo majo que es. A nuestro favor diré que no nos dimos cuenta hasta que ya estábamos todas instaladas atrás. 

Tengo que decir que el hotel no era nada del otro mundo y las camas, minúsculas —debe de ser cosa de los noruegos, porque todas las camas eran igual de estrechas—, pero, para pasar una noche, más que bien. El caso es que llegamos, nos repartimos las habitaciones y después cenamos juntas en el pequeño comedor. Cuando terminamos, Nico y Pau nos explicaron un poco la ruta que íbamos a seguir… y luego ya me tocó a mí. Esto os lo cuento aquí —porque se supone que esto es un diario y hay que ser sincera y blablablá—, pero ¡qué vergüenza pasé, amigas!, porque soy algo reservada y no me gusta nada ser el centro de atención; es más, puestos a elegir, prefiero pasar desapercibida y que nadie me mire. Lo que se dice ser invisible, vamos. Y, esa noche, os tenía a todas mirándome, atentas a lo que os decía. Y, aunque me morí de vergüenza, muchas veces seguidas, tengo que reconocer que en este momento lo recuerdo con cariño. Por suerte, a partir de ahí, eso de la vergüenza ya se me pasó. 😉

Mis chicas de oro llegaron un poquito más tarde, sobre las doce de la noche. Laura, Katia y M.ª Carmen. En serio, yo quiero ser como ellas: valientes, atrevidas y muy divertidas. 

Si esta experiencia ha resultado tan increíble ha sido por mis chicas, porque éramos un grupo de todas las edades e hicimos piña. Fue como si nos conociéramos desde siempre. Y qué bonito es viajar así, sin malas caras, sin malos rollos, yendo todas a una.

Ahora, preparando este diario, me doy cuenta de que aquel primer día apenas hice fotos. Supongo que porque tenía la cabeza en otra cosa, pero os subo las pocas que hice. De mis chicas, de ese día, solo tengo esta que nos hicimos en el aeropuerto. Y qué pena no poder coger todas las que guardo en mis recuerdos para subirlas aquí.

Por cierto, os copio el enlace de Fiordo Polar por si queréis echarle un vistazo. Para mí son los mejores y si este viaje ha sido tan especial, en parte ha sido gracias a ellos. https://www.fiordopolar.com

Con Cristina, Mery y Paula. Aquí ya no éramos tan desconocidas, porque veníamos del Starbucks de tomarnos un café. Allí fue donde nos conocimos. 🥰

Noruega nos dio la bienvenida con este atardecer. 😍

Mañana os cuento más….