Svolvaer. Kabelvåg. Henningsvaer. Leknes

10 de octubre de 2025.

Amanecimos en la casita de madera, que era superbonita, desayunamos y nos fuimos a dar un paseo. Y menudo paisaje teníamos a dos pasos de nuestra cabaña: las rocas negras formando un acantilado rocoso; el agua agitada rompiendo en ellas; las montañas puntiagudas a lo lejos; las nubes cubriendo sus picos, como una bufanda que envuelve tu cuello; los abedules, algunos todavía con las hojas amarillas, otros ya sin ellas, y luego el sol, cuando salió y dibujó un camino dorado sobre el agua, pintando el verde de más verde, el ocre de más ocre, el rojo de las cabañas de más rojo… y así con cada tono, que eran muchos.

Y con el sol vimos los secaderos de bacalao, tipis enormes que se alzaban sobre nuestras cabezas. Y mientras los cruzaba y escuchaba a Iris reñirme por no etiquetarla en mis stories 😂, yo pisaba fuerte la gravilla para oírla crujir.

Recuerdo que, cuando estábamos saliendo de ese tipi gigante, miré el cielo y lo maldije un poquito porque iba a llover de nuevo y no hacía falta ser muy lista para darse cuenta. Así que, sin esperar a nadie, empecé a andar hacia el final del espigón, donde se encuentra la Fiskerkona, la esposa del pescador que saluda a los marineros.

La primera vez que fui a ese sitio, lo hice dando un paseo, admirando ese atardecer dorado que pintaba el paisaje con esa luz que solo he visto en las Lofoten, y sin chaqueta, porque apenas hacía frío. Esa segunda vez, lo hice casi corriendo, con un frío de morir y con las primeras gotas cayendo ya sobre mi cabeza. Porque llovió. Y qué pena, porque ese lugar es muy especial en la novela y, también para mí, y no pudimos disfrutarlo como me hubiera gustado.

Y esto es lo único a lo que voy a poner una pega. Y no es pega. Es que, cuando vas en grupo, con unos horarios y con unos lugares a los que hay que llegar, no puedes sentarte en una roca o en una cafetería y dejar pasar las horas. Pero en muchos momentos necesité poder hacerlo. De todas formas, si me preguntas qué prefiero: si viajar sola, a mi aire, o hacerlo en grupo, con guías, me quedo con esto último sin lugar a duda. Vamos, que no hay comparación posible. Porque, además, Pau y Nico se conocen estas islas a la perfección y vi un montón de miradores y lugares que me hubiera perdido de no haber ido con ellos.

Luego volvió a salir el sol y con sus rayos visitamos, solo por fuera, porque estaba cerrada, la Vågan Kirke, también llamada la catedral de las Lofoten, en Kabelvåg, donde vimos un arcoíris completo. Y, bueno, ya sabéis que, cuando dos personas, que comparten cierto vinculo de cariño, lo ven, tienen que darse un beso en memoria de Baldur. Y creo que Nico se llevó uno. 😂

Enfrente del templo había un cementerio pequeñito, ¡y qué distinto a los nuestros!, porque los entierran en el suelo, les ponen velitas, brezo, corazones, y algunas lápidas son superbonitas. Igual a ti te da yuyu, pero a mí estos cementerios me dan paz, porque son como parques santos y este, además, estaba rodeado de árboles. Y aquí también me hubiera quedado un rato.

Tengo que admitir que, en ocasiones, eché de menos mi silencio. Y que quede claro que yo sabía de antemano que en este viaje no iba a poder quedarme callada, como acostumbro a hacer, porque igual os hubiera dado más mal rollo que el cementerio, pero añoré mucho no hablar. Porque, cuando no hablo, hablan mis chicos por mí. Es en el silencio cuando conecto con ellos. Y es cierto que en esta ocasion no pude hacerlo, pero, en cambio, conecté con vosotras. Y eso también es muy guay. Así que, de nuevo, una cosa por la otra.

Por cierto, me sucedió una cosa muy graciosa. Subí la foto de una lápida y algunas de vosotras leísteis el nombre del pobre hombre y creísteis que os estaba lanzando una indirecta, haciendo spoiler, e iba a matar a Sven 🤣🤣🤣. Que quede claro que no tengo intención de cometer tal despropósito. De hecho, ni siquiera me fijé en el nombre. Simplemente me gustó y compartí la imagen. Sin más.

En Henningsvaer, un pueblecito de pescadores, también nos llovió, cómo no. Allí nos tomamos un café, recorrimos la calle principal, que está llena de tiendecitas, y después vimos el campo de fútbol, que es gigante. Igual lo has visto en fotografías o en algún post de IG, porque es como algo muy significativo de ese lugar.

Y ahora, un apunte. En las Lofoten los pueblos no se parecen en nada a los nuestros. Son muy pequeños, cuatro calles y poco más. Las casas son todas de madera, muy bonitas, como de cuento, generalmente de colores (rojo, mostaza, verde…) y con techos a dos aguas; además, tienen jardín y están muy separadas las unas de las otras. Algunas incluso están tan alejadas que están rodeados por árboles, en plena naturaleza. Y todas, todas, tienen lamparitas o bombillas colgando en las ventanas, además de figuritas, plantas o velas en los alféizares. Y no tienen cortinas, porque no tienen nada que ocultar… jajajajaja.

Yo tengo mucho que ocultar, mi culo entre esas cosas, y no veo nada práctico eso de que esté todo a la vista, porque, como se te olvide la ropa interior y tengas que volver al cuarto, tú me dirás.

Y vaya por delante que entiendo que ellos van escasos de luz y quieran aprovecharla al máximo y todo eso, pero, queridos míos, las cortinas se corren y se descorren. Así de fácil.

Nota para el lector, o sea, tú: muchas veces empleo palabras y verbos, sin pretenderlo, que me llevan por el camino de la erótica. Puede que no te hayas dado ni cuenta, pero yo sí. 😂

Retomo.

Ese día almorzamos en Leknes, en el DIGG, y en cuanto puse un pie dentro vi a Marco, tras la barra, y también a Loki, sentado en uno de los taburetes al otro lado. En realidad, los vi a todos, porque también vi a Emma, a Kristel y a Silje instaladas en una mesa, eligiendo qué pedir, y luego apareció Aksel y se acercó a la barra donde estaban ellos.

Y qué increíble es esto de escribir, porque creas en tu cabeza un mundo aparte, donde viven otras personas y donde tú formas parte de su vida. De hecho, la cafetería no está enfrente del DIGG, sino un poco más alejada, pero en mi mente puedo ver la fachada de Silje’s Bakery desde la barra. Para ser franca, me lo había creído tanto que, cuando llegué y no la vi allí delante fue como «¿Perdona? ¿Por qué no está ahí?».

Tras la comida nos instalamos en nuestro nuevo alojamiento, en Lofoten BaseCamp, situado sobre el agua, nos hicimos una sauna y nos bañamos en el mar.

Si viajas a las islas y te proponen este plan, ¡no lo dudes! Aunque llueva, aunque haga un frío de narices, aunque te dé pereza, aunque no quieras mojarte el pelo, aunque lo que tú quieras… HAZLO. Porque es una pasada. Lo que nos reímos… Tres veces nos metimos en el mar. Tres.

Lo bonito de este viaje no han sido solo los paisajes y las sensaciones, sino la compañía y los recuerdos que hemos ido creando juntas, porque la sauna nos la hicimos Rocío, Lucía, Cristina, Paula, Iris y yo, pero siempre recordaré a Isa, con el chaquetón puesto, dentro de la sauna, sacándonos fotos. Y luego salió y, junto a Ángeles y Mila, nos grabaron y nos hicieron un montón de fotos. A las pobres las recuerdo con el gorro chorreando, porque llovía, cómo no, cámara en mano, armadas de su santa paciencia mientras nosotras les pedíamos una foto más, un vídeo más… Y fue un descojone, pero que se quedaron heladas, pues también. Así que muchas gracias, chicas.

Esa noche tampoco tuvimos suerte con las auroras porque, cómo no, estaba lloviendo. Qué hartura, en serio 😂. Pero nos quedamos en la casita, y ni tan mal. 🥰

Os subo unas cuantas fotos de ese día. Si os apetece, en mi Instagram, en destacados, tenéis tres pestañas: «Viaje literario», y ahí hay un montón.

Las vistas desde la parte trasera de nuestra casa. Y sí, seguía lloviendo. 😂⬇️

Pero como la lluvia no es freno para nada, nos subimos la capucha y salimos a dar una vuelta. Y qué maravilla, amigas, porque empezó a despejar y salió el sol. 😍

Lograr captar con la cámara el tono amarillo chillón de las hojas se convirtió en mi pequeña obsesión. Tengo que confesar que no lo conseguí.

Con el sol todo cambia…

De haber podido, lo habría cogido para que no se escapara de nuevo. 🤣

Las islas están llenas de secaderos de bacalao, y son enormes….Por cierto, mirad el cielo. 😩

La Fiskerkona, la esposa del pescador que saluda a los marineros.

Con mis chicas. Menudo frío hacía. 🥶

Luego, por suerte, volvió a salir el sol y vimos un arcoíris completo.😍

La Vågan Kirke y el cementerio que hay enfrente.

Y la lápida de un señor que no es Sven. 🤣

Y mirad qué vistas hay justo detrás de la catedral.😍

En Henningsvaer.

Los rollitos de Loki están más ricos. 😉

El famoso campo de fútbol que vimos a menos veinte grados. 🤣🤣🤣

(Es broma, pero hacía un frío de morir)

Es enorme, gigante, pero en la foto no se aprecia.

En el DIGG. 😍

Y, finalmente, las fotos de la sauna. Esto me encantó…Sé que, a simple vista, puede parecer una locura eso de bañarse en el agua congelada, lloviendo y de noche. Pues repetiría ahora mismo.

⬇️⬇️⬇️ Me faltaban piernas para subir 😂. Pero, en realidad, era todo mental, porque el agua está tan fría que, cuando sales, estás bien. En realidad, estás más que bien. De esto me di cuenta después, la segunda vez: aquí estaba demasiado ofuscada. 😂

Un poquito de postureo para la foto. 🤣

Y para cerrar el día de hoy, una foto con mis chicos de Fiordo Polar: Pau y Nico. 💚

Os pongo su web por si os apetece echarle un vistazo: https://www.fiordopolar.com

Mañana más…..espero que os haya gustado. 😘